Trabajo de investigación sobre la obra en prosa del escritor colombiano José Manuel Crespo
Bienvenidos
Viaje al mundo literario narrativo y poético de este escritor a través de toda su obra.
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domingo, 17 de mayo de 2020
martes, 1 de octubre de 2013
EL TIEMPO XI
Pero más que al uso de adverbios y tiempos
verbales, Ricoeur (1999) quiere hacer referencia a los siguientes temas: el
referente de la memoria y de la historia, el pasado y la dialéctica temporal y,
por último, el carácter pasado en el
movimiento de la temporalidad. Con respecto al primero, empieza con una
pregunta “¿Qué significa que algo ha pasado anteriormente,
es decir, antes de que nos acordemos o hablemos de ello?” (p.74), pregunta que
lo lleva a exponer que es cierto que el presente se encuentra implicado en la
paradoja de la presencia de lo ausente, propia tanto de la imaginación de lo
irreal como de la memoria de lo anterior. Para este autor, la investigación del
pasado histórico conlleva a tres posiciones temporales: “la del acontecimiento
que pretendemos estudiar, la de los acontecimientos intercalados entre éste y
la posición temporal de historiador, y, por último, el momento de la escritura
de la historia” (p.75). Se trata por tanto de tres fechas, dos remiten al pasado
y una, al presente. La cuestión aquí es encontrar una solución al enigma del carácter pasado en el marco de una
abstracción futura, pues se pone de relieve que el objeto del recuerdo lleve
inscrita la señal de la pérdida. “El objeto del pasado cumplido es un objeto
perdido (de amor o de odio)” (p.76). Por lo que Ricoeur ve la idea de pérdida
como un criterio decisivo del carácter pasado. Por todo esto, el enigma de la
pareja “no ser ya”/“haber sido” siempre estará acompañándonos. El enigma de la
imagen abarca dos tipos de presencias, la de lo ausente en cuanto irreal y la de
lo anterior como pasado. Pero, ¿qué constituye un enigma?, para Ricoeur el
enigma posee dos niveles o etapas: el enigma de la señal recurriendo a la
metáfora de la señal o de la marca, de la huella dejada por un sello en la
cera y, el enigma de la semejanza entre la evocación presente y la marca
impresa. Y constituyen un doble enigma porque ponen de relieve el propio
enigma, es decir, el doble significado del cuadro y la señal como mera
presencia y como remisión a algo ausente, ya se trate del pasado real o de lo
irreal (p.77). A esto se suma otro enigma que pone al descubierto la metáfora
grafica de la inscripción, o sea la presunta relación de semejanza que existe
entre el retrato y el original. “El doble aspecto del enigma del recuerdo se
encuentra resumido por completo en este punto: para que la marca o la señal
sean el signo de otra cosa, han de designar de algún modo la causa que las ha
producido” (p.78). Pero, ¿consiste el recuerdo en una imagen similar al
acontecimiento del que guarda una impresión o una huella?, ¿consiste en una
reconstrucción? Y de ser así, ¿Cuál es la diferencia entre ésta y una
construcción fantástica, es decir, entre la ficción y la propia
reconstrucción?.
Ricoeur, P.
(1999). La lectura del tiempo pasado:
Memoria y Olvido. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
EL TIEMPO X
Los fenómenos de orden y frecuencia
estudiados con Genette (1989), se ven
pronunciados en la autobiografía de Crespo, sobre todo con el predominio del
iterativo; las variaciones del tiempo son a veces producto de la vida, a veces
de la memoria, o del tiempo. Como se notará el tiempo es tema favorito de
Crespo y representan las palabras e ideas que siente.
El tiempo está ligado a la memoria y, Ricoeur (1992) reflexiona sobre el concepto de la existencia puntual del presente que
se encuentra en continua huida, de manera que en el caso límite el presente no
tendría existencia propia, ya que de un día para otro ese presente histórico se
puede convertir en pasado. “Pasado es un adjetivo sustantivado: se trata del carácter pasado de un hecho determinado”
(p.72). Atendiendo al lenguaje, este autor subraya otros dos notables modos
de expresión que no dependen del dominio del sustantivo; en primer lugar, los
adverbios de tiempo como: entonces, antiguamente, antaño, anteriormente,
después, antes, etc., los cuales ponen de relieve la distancia y los grados de
profundidad del tiempo –de ahí, que distinga la memoria como la guardiana de la
distancia temporal- y, las relaciones de anterioridad o posterioridad que
regulan la sucesión y, por tanto, el escalonamiento de las distancias y de los
grados de profundidad temporal. Para Bruss (1991) “Algunos
grupos de adverbios de tiempo –tales como mañana,
hoy, y ayer, o ahora y entonces- se organizan alrededor de puntos de orientación
contextuales, y son así similares al tiempo verbal y a los adverbios de
lugar en su funcionamiento” (p.73). En la autobiografía de Crespo, la recurrencia en
el uso de estos adverbios es frecuente y serían muchos los ejemplos en citas
textuales que encontraríamos:
Ahora todo
lo cercano se aleja. Incluso me parece sentir que las palabras antes
eran más entrañables para nombrar las cosas, evocar los espectros y mantener
los sueños en una misteriosa cercanía. Cada palabra (colibrí, digamos) parecía
tener una memoria que consagraba el mundo, vivía, nos daba el gozo de la sombra
de los arbustos familiares al tiempo que se sentía venir de lo más hondo de
aquellos reinos. (Crespo, 1987:86)
Bruss, E.
(1991). “Actos literarios”. Suplementos
Anthropos 29, 62-78.
Crespo, J. (1987).
Largo ha sido este día. Bogotá: Plaza
y Janés.
Genette, G. (1989). Figuras III. Barcelona: Lumen.
Ricoeur, P. (1999). La lectura del tiempo pasado: Memoria y Olvido. Madrid: Universidad
Autónoma de Madrid.
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