Con relación a la memoria colectiva, P. Ricoeur expone que el hecho más importante consiste en que uno no recuerda solo, sino con la ayuda de los recuerdos de otro. Retoma a Maurice Halbwachs quien dice que cada memoria individual está involucrada en un punto de vista de la memoria colectiva sin que eso implique que por la existencia de un sujeto de la memoria colectiva se anule el carácter propio de los recuerdos. Por lo que concluye que: “la memoria colectiva sólo consiste en el conjunto de las huellas dejadas por los acontecimientos que han afectado al curso de la historia de los grupos implicados que tienen la capacidad de poner en escena esos recuerdos comunes con motivo de las fiestas, los ritos y las celebraciones públicas” (Ricoeur, 1999:19). Un sujeto que posee una serie de recuerdos puede aplicar analógicamente el carácter propio de estos a la idea de una posesión de los recuerdos colectivos. Pero cuestiona, entonces, nuestra relación con el relato, pues dice que nos cuentan historias antes de que seamos capaces de apropiarnos de la capacidad de contar, por lo cual habría que replantear la primacía de la memoria individual sobre la colectiva debido a la relación existente entre la memoria y la conciencia. Sobre este aspecto, P. Ricoeur introduce algunas de las ideas desarrolladas por Reinhart Koselleck con respecto a las nociones de “conciencia histórica” y “tiempo histórico”. R. Koselleck, hace referencia al “espacio de experiencia” y al “horizonte de espera”, en donde el espacio de experiencia consiste en “el conjunto de herencias del pasado cuyas huellas sedimentadas constituyen en cierto modo el suelo en el que descansan los deseos, los miedos, las previsiones, los proyectos y, en resumen, todas las anticipaciones que nos proyectan hacia el futuro” y el horizonte de espera, todo lo que se espera. (Ricoeur, 22). De ahí, que sólo hay “espacio de experiencia” cuando éste se opone a un “horizonte de espera”, pues recíprocamente éste es irreductible a aquél. La dinámica que ambos generan asegura la dinámica de la conciencia histórica ya que su intercambio se lleva a cabo en el presente vivo de una cultura.
RICOEUR, Paúl. (1999). La lectura del tiempo pasado: Memoria y Olvido. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.
Trabajo de investigación sobre la obra en prosa del escritor colombiano José Manuel Crespo
Bienvenidos
Viaje al mundo literario narrativo y poético de este escritor a través de toda su obra.
jueves, 11 de julio de 2013
jueves, 12 de julio de 2012
MEMORIA Y OLVIDO V
P. Ricoeur expone que al recordar nos
atenemos a un pasado producido y reproducido socialmente y, Crespo expresa en
su texto, su deseo obligado a recordar y a sacar de su memoria la vida de sus
primeros años:
Lo he recordado todo, no
he perdonado nada, he sometido a todos los castigos la memoria para evocar una
sombra y una oscura fragancia de rumores entre el tumulto de las rosaledas
tocadas por esos vientos fantasmales que ciertas noches iban dejando en las
cayenas un rojo que nadie les había sentido antes: oleoso y hondo, un rojo que
se consumía en la misma fiebre en que padecían los crisantemos. Uno no
comprendía. Pero algo iba empezando a comprenderse en uno cuando los espíritus
escondidos en la música y la luz se soltaban y la angustia de los pájaros
nocturnos se materializaba en esa hora profunda que fluía configurando un
espacio virginal en que las cosas parecían esperar que nosotros les pusiéramos
nombres y todo se quedaba en esa calma estremecida y de sabor oscuro en la que
sólo un soplo de brisa separaba los sueños de la muerte (era como si la tierra
fuera una frágil cáscara de huevo) y de las ansiedades que se iban liberando un
dolor y desarraigo que habían trascendido para siempre las lindes en que podían
recuperarse los recuerdos. (132)
En ocasiones se percibe en su
autobiografía una memoria involuntaria al leerle, como cuando se encuentran
expresiones que cortan la idea central que está desarrollando, las que aísla
con paréntesis para retomarlas después. En el flujo de la experiencia en los
momentos vividos, Crespo se encuentra reunido con objetos particulares de su
mundo exterior: plantas, árboles, frutas, figuras humanas, sombras, creando formas
significativas:
Porque
así sobrevenían esos anocheceres de la infancia en que las puertas de las
sombras se abrían y se dejaban penetrar el mañana pero que ahora me resultan
casi imperceptibles porque la pompa de esas horas se ha disuelto en el tiempo
como el aire en el aire y es imposible verla a la pobre luz de la memoria.
(58).
En su narrativa, el acto autobiográfico le
lleva a recordar y evocar el pasado, en el cual hay un intercambio de
presencias y ausencias, de acciones que siempre plantean su regresión. Lo
anterior es ilustrado mediante la alusión en todo el texto de revivir lo
vivido:
Hace un poco de frío. No es
sólo el de la brisa que viene desde los tamarindos. Es el frío de las horas. Es
el frío de sentir que ni siquiera la historia de nuestra propia vida es
aprehensible. Hay tardes como esta en que la línea única del tiempo se nos
enreda entre las manos y entreteje esa urdimbre donde el pasado y el futuro
(ambos deslumbradores, infinitos y ciegos) se agarran con un placer de tigres
teniendo nuestra esperanza y nuestra vida por nudo del conflicto. (127)
La función más constante de las evocaciones en Largo ha sido este día, es la de modificar el significado de los
acontecimientos pasados, ya sea cargando de significados a lo que no lo tenía o
sustituyéndola por otra nueva:
El mundo suelta una luz
menos intensa para quien no recuerda tanto. Pero es posible que sean los miles
de cosas y sucesos de los que no nos damos cuenta los que al ir proyectando su
sombra en nuestra vida nos induzcan a verlo con esa húmeda luz de atardecer que
a veces tiene. Es como si el recuerdo nos hiciera de aire: uno ve sin ser
visto. (128)
Gusdorf, en su artículo “Condiciones y
límites de la autobiografía”, afirma que el problema en la autobiografía está en
que,
la recapitulación de lo vivido pretende valer por lo vivido en sí, y sin
embargo, no revela más que una figura imaginada, lejana ya y, sin duda alguna,
incompleta, desnaturalizada además por el hecho de que el hombre que recuerda
su pasado ha dejado de ser lo que era en ese pasado” (1991:13).
Hablamos de nuestros
recuerdos para evocarlos; y con Crespo esa es la función de su lenguaje, y de
todo el sistema de convenciones que lo acompaña, lo cual le permite, a cada
instante, reconstruir su pasado aunque este haciéndolo desde el presente para
reconstruir su vida:
(me sorprende
que me hayan rozado esas imágenes: las creía perdidas para siempre como esos
sueños que si no se recuerdan cuando uno abre los ojos no se recuerdan nunca
pero que en todo caso es preferible olvidarlos totalmente que recordarlos a
medias). Todo se halla en sosiego. Es como si la sombra quisiera darme otro
recuerdo para la larga ausencia que reinicio mañana. (237)
Con Crespo debemos tener presente las
palabras que llevan al uso de la memoria, entre ellas:
recuerdos, evocaciones, añoranzas, revivir, olvido, entre otras, que se
multiplican y vinculan de manera directa su autobiografía a la importancia de
la memoria y el tiempo en toda la narración: “Me dio sed, me dio fiebre, me dio
olvido” (199). Crespo tiene claro en su autobiografía el papel primordial que
juega su memoria, de ahí que al escribir se manifieste tantas veces con un uso
repetitivo de palabras arriba mencionadas y me gustaría, por ello, dejar
algunas citas que las contienen: “Recuerdo que me imaginaba una ciudad
de aire caliente donde las moscas no andaban por las paredes sino por el suelo,
donde los niños jugaban con carrozas y caballitos de oro en miniatura y […]”
(196); “La calma con centrada de la hora me revive esos miedos que
tenían el mismo color de la bruma”. (238); “casi alcanzo a evocar las
sensaciones que tuve cierta noche en que al conjuro de una palabras que servían
para anudar o desligar al viento se fueron oscuramente perfilando en mi conciencia
[…]” (94); y así un montón de ejemplos que las plasman y relacionan en
consonancia con la memoria. Para terminar, una frase de M. Augé que sintetiza
la importancia del olvido y, por tanto, de la memoria en el tiempo:
El
olvido nos devuelve al presente, aunque se conjugue en todos los tiempos: en
futuro, para vivir el inicio; en presente, para vivir el instante; en pasado,
para vivir el retorno; en todos los casos, para no repetirlo. Es necesario
olvidar para estar presente, olvidar para no morir, olvidar para permanecer
siempre fieles. (104)
miércoles, 22 de febrero de 2012
MEMORIA Y OLVIDO IV
Los diversos tiempos y lenguajes que en la sociedad se manifiestan posibilitan que la memoria se edifique, que se contenga. “El olvido, en suma, es la fuerza viva de la memoria y el recuerdo es el producto de ésta” (Augé, 1998:28). Pero para mantenerla es necesario comunicarla de alguna forma. Si la memoria quiere perdurar, no caer en el olvido, requiere comunicarse para tener receptores que se interesen en perpetuar ciertos acontecimientos que permitan reconocerse en ellos. Crespo lo dice en su autobiografía cuando hace relación a este olvido en el tiempo y la memoria:
Y así como en un teatro se apagan suavemente las luces para cambiar el decorado, en mi recuerdo pasan y se suceden las voces, las presencias, las miradas y hasta se me confunden los olvidos (en este preciso instante no se me viene el nombre de unas flores color malva que no se abrían sino en octubre) pero sigue y prosigue en mi memoria el olor de esta casa donde una tarde vino a cerrar un negocio con mi abuelo un hombre alto, risueño y de maneras afables pero que a ratos, al hablar […]. (17)
Para P. Ricoeur “El olvido posee un significado positivo en la medida en que el carácter de sido prevalece sobre el ya no en el significado vinculado a la idea de pasado. El carácter de sido convierte al olvido en el recurso inmemorial del trabajo del recuerdo” (1999:56), y con respecto a la evocación, a lo que comúnmente se llama rememoración o mero recuerdo, nos dice que “De la memoria que conserva o del recuerdo que permanece, pasamos a la memoria que evoca, al recuerdo que vuelve a hacerse presente” (57), por lo tanto, de acuerdo a los niveles de profundidad en el olvido, al pasar de lo profundo a lo manifiesto, nos encontraríamos con una serie de formas de olvido que pueden clasificarse entre el olvido pasivo y el activo, y en las que el grado de responsabilidad con respecto a querer saber/recordar nos ubica en diferentes contextos. P. Ricoeur, relaciona estos tipos de olvido con los acontecimientos vividos por los europeos en las guerras y genocidios; según este autor no podemos acordarnos de todo pues una memoria sin lagunas sería un peso insoportable. Por lo que “La posibilidad de contar algo de otra manera es fruto de esa actividad selectiva que integra el olvido activo en el trabajo del recuerdo” (59). P. Ricoeur incluye en sus teorías como factor determinante del problema de la memoria y el olvido, el tiempo y la historia y la significación que esta tiene con la humanidad, nos habla de conciencia histórica, por esto para él, “se trata de conciliar la memoria del olvido y la historia de la memoria del olvido” (60).
lunes, 26 de diciembre de 2011
Un diciembre en la vieja Ciénaga
"evocaban los diciembres en que a la sombra de lo higuerotes, las ceibas y los caracolíes donde los arrendajos entretejían esos nidos que colgaban lo mismo que faroles oscuros de las ramas, se improvisaban parrandas a punta de acordeones, tambores y ron blanco, esos años perdidos en que las gentes de Ciénaga cruzaban cardenalitos púrpuras pero mudos con canarios de un amarillo suave y en los patios cundidos de parrales y de rosalabanas se sentían unos trinos y gorgoteos parecidos a chorritos de agua nueva y los forasteros preguntaban dónde se conseguían esos pájaros rojos, y lo mismo que unos niños que se quedaran mirando la estrella de los deseos, hablaban de una esfera de diamante sumergida en una gruta marina de las islas donde dormía la primera pareja que hacía miles de lunas había salido de Jamaica, y de los ríos que a la vista de los propios cienagueros se habían ido perdiendo en los arenales y sus conciencias estaban en silencio pero en actividad como los bosques mientras la sombra de los montes los apretaba lo mismo que un luto espeso y entre las amalgamas de los sueños se iban bebiendo a pico una botella porque sólo embocando Ron Caña eran capaces de resistir la larga travesía de la noche llena de presagios malos, de susurros y de aromas suficientes para partir el alma y enrarecer los minutos que avanzaban hacia la luz azul y extraña de la madrugada por el aire que iba convirtiéndose en brisa." (25).
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