Bienvenidos

Viaje al mundo literario narrativo y poético de este escritor a través de toda su obra.



jueves, 18 de julio de 2013

MEMORIA COLECTIVA IV



     Karl Kohut[1], en su escrito “Literatura y memoria” retoma los planteamientos de P. Ricoeur y del sociólogo M. Halbwachs para desarrollar sus ideas: con P. Ricoeur llega a la noción de que la memoria esta intrínsecamente ligada a la noción del tiempo y, que el presente histórico constituye el punto de referencia para la memoria; con M. Halbwachs introduce elementos como el carácter polifacético de la memoria: la memoria colectiva. Todos los autores antes mencionados llegan a la conclusión de que la memoria se edifica y comunica sobre todo con lenguaje y por él se posibilita y, que la memoria no es solamente individual sino también colectiva.
     En la autobiografía de Crespo es interesante observar sus reflexiones sobre las estrategias de sus personajes (los cienagueros) en cuanto a la aprehensión de determinados elementos de su cultura, centrándose en las formas de transmisión de los aspectos culturales y simbólicos, estrategias que constituyen instancias claves para la reproducción cultural y, a mi entender, en la cristalización de lugares de la memoria colectiva y de la identidad individual. La memoria es elaborada, reproducida y resignificada con el fin de generar conocimientos de su pasado. La presencia de esta memoria colectiva se trasluce en las prácticas y voces de Crespo que es quien la recrea, por lo que observar las manifestaciones de la cultura y la actualización de la memoria efectuada mediante la oralidad, permiten el abordaje de la misma. En efecto, el recurso a la historia oral que toma Crespo es fundamental, ya que el “testimonio oral” aparece como un documento histórico que tiende a colocar a la estructura de la mentalidad individual en el horizonte de una historia social vivida permitiéndonos conocer la historia del grupo desde la cotidianidad del sujeto. Considero que esta óptica es aplicable para analizar las huellas, los lugares de construcción y esencias de la memoria del autor:

También en mi memoria proliferan esos solares hoscos, esas pausas, esos predios baldíos: son infinitas las lagunas que tengo que rodear en el intento de arrancarle algunas uvas al racimito cienaguero. A veces uno se acuerda de una barca pero no de sus dueños; revive una voz pero no el rostro; recuerda una palabra pero no a quien la dijo. 
-Crespo, José M. (1987) Largo ha sido este día. Bogotá: Plaza y Janes. p. 19

lunes, 15 de julio de 2013

MEMORIA COLECTIVA III



     Lo que se viene planteando no nos remite sólo a la relación entre la memoria y el olvido, sino también a la del recuerdo y las formas de la amnesia social, ya que como en la Biblia Hebrea, el olvido, reverso de la memoria, es siempre negativo; es el pecado cardinal del que se derivaran todos los demás. El olvido en el sentido colectivo aparece cuando ciertos grupos humanos no logran –voluntaria o pasivamente, por rechazo, indiferencia o indolencia – transmitir a la posteridad lo que estos constituyen ejes fundamentales de la construcción de identidades, tanto en lo individual como en lo colectivo. La producción y reproducción de la memoria supone pensar en un cuerpo colectivo, intersubjetivo, producto de un complejo entramado social que se desenvuelve en el tiempo y que se torna como posible en la medida que exista un proceso dialógico, que permita la constitución de un conocimiento compartido, entre generaciones, de los sucesos pasados. Si partimos de la noción de memoria colectiva como una construcción social resultante de determinadas relaciones sociales entre grupos, debemos contemplar el carácter transitorio y modificable de la misma. La memoria social en Crespo, respecto del pasado analizado, toca varios puntos centrales, a saber, por un lado el deber de la memoria frente al olvido, al silencio y a la construcción de su vida a partir de aspectos externos como lo es Ciénaga y su cultura. Si bien no podemos dejar de destacar el carácter plural que tiene el recuerdo, sin embargo, cabe advertir que la memoria social-colectiva, en tanto objeto del mundo social, se encuentra atravesada por diferentes interpretaciones subjetivas de Crespo que buscan resignificar lo social.

sábado, 13 de julio de 2013

MEMORIA COLECTIVA II



     Retomando a M. Halbwachs[1] en su artículo La memoria colectiva y el tiempo, si las condiciones sociales rigen el funcionamiento de la memoria individual y grupal estableciendo el carácter social de cualquier recuerdo, no dejaremos pasar por alto la particular relación entre el recuerdo y el olvido que tiene lugar en la autobiografía de Crespo. M. Halbwachs en 1925 realizó el primer estudio sociológico que trata la cuestión de la construcción social de la memoria colectiva. Allí rompe con la perspectiva filosófica de Platón y Bergson con relación a la memoria, en la cual para Platón el pasado es estable y el presente cambiante y, para Bergson el pasado y el presente se yuxtaponen en un conjunto de presentes–pasados; para M. Halbwachs, el pasado debe ser considerado como reconstrucción colectiva en el presente, donde la memoria es entendida como el pasado vivido y revivido, plural y múltiple en la historia. Con relación a esto, Crespo se muestra lleno de reflexiones sobre Ciénaga, de silencios reactualizados de su pasado inmediato en su presente que nos develan una cuestión fundamental, se trata de nuestra propia actualidad cultural y política, la actualidad y posibilidad del pensamiento crítico. Las ruinas de ese pasado, en ese lugar de Colombia, donde se mitifican las imágenes de la humanización, deberían ser partes, pedazos de historia, que mejorasen la memoria nacional en el presente. El tiempo y el espacio permiten la reconstrucción del pasado a partir de la significación del pasado reconstruido por el presente; ese pasado actualmente consumido, necesita ser desentrañado para que su horizonte íntimo desvele el propio presente. Pero inmediatamente esa reflexión, ese ejercicio de la memoria nos sitúa en nuestra propia subjetividad reflexiva. Se trata de la falta de palabras en la memoria, palabras de la “no memoria”, que no nombran porque la memoria ya no está más en las palabras, palabras que han sido desmembradas por la violencia del pasado. La no memoria de una narración de palabras que no puede y no quiere ser retenida. M. Halbwachs nos advierte en este sentido, acerca de la importancia de los valores e intereses que influyen sobre el recuerdo. Lo que nos interesa remarcar en este sentido es que lo que está puesto en cuestión es la propia identidad de la sociedad ya que cuando el grupo no se interesa más por la memoria pierde su propia identidad. De esta manera, la memoria requiere ser transformada a la par que el grupo que la forma. Este planteamiento sitúa la problemática desarrollada con relación al vínculo entre la identificación de la memoria colectiva y la identidad colectiva del grupo. Si como plantea M. Halbwachs, la memoria es una reconstitución parcial y selectiva del pasado, cuyos puntos de referencia están dados por la sociedad actual, podemos preguntarnos acerca de los mecanismos que ayudan a dar importancia a ese proceso de selectividad de recuerdos que nos trae Crespo.

jueves, 11 de julio de 2013

MEMORIA COLECTIVA I

     Con relación a la memoria colectiva, P. Ricoeur expone que el hecho más importante consiste en que uno no recuerda solo, sino con la ayuda de los recuerdos de otro. Retoma a Maurice Halbwachs quien dice que cada memoria individual está involucrada en un punto de vista de la memoria colectiva sin que eso implique que por la existencia de un sujeto de la memoria colectiva se anule el carácter propio de los recuerdos. Por lo que concluye que: “la memoria colectiva sólo consiste en el conjunto de las huellas dejadas por los acontecimientos que han afectado al curso de la historia de los grupos implicados que tienen la capacidad de poner en escena esos recuerdos comunes con motivo de las fiestas, los ritos y las celebraciones públicas” (Ricoeur, 1999:19). Un sujeto que posee una serie de recuerdos puede aplicar analógicamente el carácter propio de estos a la idea de una posesión de los recuerdos colectivos. Pero cuestiona, entonces, nuestra relación con el relato, pues dice que nos cuentan historias antes de que seamos capaces de apropiarnos de la capacidad de contar, por lo cual habría que replantear la primacía de la memoria individual sobre la colectiva debido a la relación existente entre la memoria y la conciencia. Sobre este aspecto, P. Ricoeur introduce algunas de las ideas desarrolladas por Reinhart Koselleck con respecto a las nociones de “conciencia histórica” y “tiempo histórico”. R. Koselleck, hace referencia al “espacio de experiencia” y al “horizonte de espera”, en donde el espacio de experiencia consiste en “el conjunto de herencias del pasado cuyas huellas sedimentadas constituyen en cierto modo el suelo en el que descansan los deseos, los miedos, las previsiones, los proyectos y, en resumen, todas las anticipaciones que nos proyectan hacia el futuro” y el horizonte de espera, todo lo que se espera. (Ricoeur, 22). De ahí, que sólo hay “espacio de experiencia” cuando éste se opone a un “horizonte de espera”, pues recíprocamente éste es irreductible a aquél. La dinámica que ambos generan asegura la dinámica de la conciencia histórica ya que su intercambio se lleva a cabo en el presente vivo de una cultura.

RICOEUR, Paúl. (1999). La lectura del tiempo pasado: Memoria y Olvido. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.