Bienvenidos

Viaje al mundo literario narrativo y poético de este escritor a través de toda su obra.



lunes, 28 de noviembre de 2011

LA MEMORIA Y EL OLVIDO

Hablar de memoria, implica hacer referencia a la retrospección y para F. Puertas, “Sólo a través del pasado, de la búsqueda de los orígenes, es posible interiorizar y comprender la raíz íntima de los comportamientos y la forma de ser que se indagan” (2004:24)*, esa retrospección supone una interpretación explicativa de sucesos que tiene como protagonista al autor de la narración. Cuando el autor mira hacia atrás encuentra otro yo que ha actuado de manera diferente a como actúa en el presente, ya que la retrospección esta unida íntimamente a la introspección o mirada hacia adentro en la reconstrucción del espacio íntimo que es lo que se exterioriza y así la escritura le sirve al autor para re-crear ese universo vivido. La imagen duplicada (representación mental de las cosas percibidas) que el pasado le devuelve al autobiógrafo hace que esta funcione como caja de resonancia en la que éste escucha su propia voz, la voz de la conciencia y así el autor se reconoce en el pasado y su yo adquiere consciencia de su unidad y diferencia con el paso del tiempo. Sin tiempo no hay autobiografía. Las reproducciones mentales de la realidad a las cuales llamamos imágenes duplicadas, no son necesariamente tan exactas como las fotografías pues las imágenes alteran la realidad combinándolas unas con otras, creamos imágenes de cosas jamás percibidas, de cosas incorpóreas y de abstracciones y, en Crespo la facultad de crear imágenes es notoria.
Ciertas retrospecciones para G. Genette, “pese a estar dedicadas a acontecimientos singulares, pueden remitir a elipsis iterativas, es decir, relativas no a una sola fracción del tiempo transcurrido, sino a varias fracciones consideradas semejantes en cierto sentido repetitivas” (1989:108¨)*. Estas analepsis repetitivas (internas o homodiegéticas) serán evocaciones y alusiones a su propio pasado. La obra de Crespo está llena de estas analepsis:

“Un resplandor gotea desde los mangos. Así eran esas tardes soñolientas de verano en que las ramas revigidas de los parrales sin sombrío chirriaban con ese viento repentino que derramaba su violencia sobre toda la aldea, corría la sombra de las enredaderas en los muros y silenciaba el grito de los pájaros costeros. El cielo (ese resplandeciente nada era la muerte) se iba profundizando con una tonalidad de azul más temerosa, más intensa, más sola, como si unos ángeles locos y todavía sorprendidos de no encontrarse entre los condenados quisieran expresar en monótono, en una sola vibración de azules, la forma, el peso y hasta el agobio mismo del espacio.” (203)

*GENETTE, G. (1989). Figuras III. Barcelona: Lumen.
[PUERTAS M., Francisco E. (2004). Aproximación semiótica a los rasgos generales de la escritura autobiográfica. La Rioja: Universidad de la Rioja.

lunes, 24 de enero de 2011

FILOSOFÍA DE VIDA

La obra de José Manuel Crespo se caracteriza también por cuestionar lo que acontece al hombre en su medio. Transcribo aquí algunas citas que nos remiten a ésto y que son de una belleza literaria sin igual:

"Es casi noche. Ahora las músicas perdidas duermen entre las hojas y el graznido de los pájaros roncos me cae sobre la vida como el puñado de arena que se lanza para matar un fuego. Es el momento en que regresan los fantasmas, las neblinas, los olvidados sueños. Es la hora extraña en que el señor de la viña le da el mismo denario a quienes estuvieron desgajando uvas desde la mañana y aguantaron la sed y el resistero de la resolana que a quienes empezaron a trabajar en la frescura del ocaso. Y eso a nadie le gusta. Oscuramente preferimos las cuentas duras pero claras del mundo a las incertidumbres del amor. Es casi noche. Es la segunda muerte de la luz en día. El patio que en el atardecer estaba tibio como la luz de una naranja partida en agrias medialunas, es un rumor de hojas movidas por la música de unos hondos oboes". (p. 237)

"Un silencio, un vacío que no era todavía el de la muerte iba por el fluir de mi conciencia llegando al centro de la hora como un venado agónico a lo profundo del bosque". (p. 240)

"Uno mira la vida y ve ese río fluyendo desde los génesis oscuros y presiente que el agua soñadora puede calmar la sed con que nacimos pero que no hay sed en el mundo que pueda contener a ese río. Debemos alegrarnos y dar gracias por el sorbito fresco que bebemos sin sentir amargura por la corriente que se aleja. El sorbo que bebemos es la dicha pero el río que dejamos correr es la esperanza. Y en esta hora mi sombra tiene que hacer lo mismo que el gorrioncito ciego: pararse en el sombrero del espantapájaros y dar dos o tres silbos para que los recuerdos vean que el demonio con lepra en los ropajes (es decir el olvido) no es más que un palo con harapos y las horas perdidas se vayan acercando y reaparezcan los fantasmas…"

martes, 4 de enero de 2011

El tiempo como recuerdo y memoria

Vale la pena señalar el manejo del tiempo como uno de los elementos más importantes de la obra de José Manuel Crespo. Veamos algunas citas textuales que hacen relación a este elemento en su autobiografía, Largo ha sido este día. Todas son tan inspiradoras, tan bellas, tan perfectas...

"Era tarde. Por instantes la luz iba volviendo casi a soplos en la brisita fría que no lograba liberarse del olor del salitre y que agitaba las sombras y las enredaderas en esa hora en que el mar incendiaba la tierra y la tierra incendiaba la opaca sombra de las orillas." (P. 195)

"El tiempo se hacía lento. Cada minuto se iba madurando en la humedad de los helechos y entre la carne oscura de las uvas. Un tiempo extraño (un tiempo que casi podía verse lo mismo que los anillos, vetas y colores del tronco de un roble talado) venía como un pájaro de humo penetrando en las redes del tiempo habitual de cada día, pasaba, se hacia presente en el silencio de la temperatura recordando ese aullido sofocado que se sentía latir en lo profundo de los sones de santería de los negros. Quién lo hubiera creído: había otro tiempo gimiendo por debajo de la monótona música de las horas con un ansia de bestias apareándose que le ponía la carne de gallo a las violetas. Mi sombra lo sabía. Lo había visto en los crímenes, las fugas y las persecuciones por los pasillos y escaleras de las mansiones podridas de los sueños. El tiempo se hacía rumor, un aire denso." (P. 197)

"Vi cómo ese momento se cruzaba conmigo y se perdía para siempre en el pasado. Me vi a mí mismo viendo aquel instante y tratando de grabarme el silencioso atardecer en la memoria para pasado el tiempo compararlo con los atardeceres del mañana. Todo era cotidiano: la brisa en las cortinas, los quejidos a rachas de los canarios asustados, las mandarinas en el plato." (p. 205)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Felices fiestas de fin de año

Nada mejor que terminar el año con algunos de los fragmentos de la obra Largo ha sido este día de nuestro autor. Además una foto suya para que empiecen a conocerlo.



"Así, por el espejo de los juegos, las mujeres, las muertes, los asombros, y el saboreo de los nísperos, me fui metiendo en la materia cienaguera y caribe de los mitos y de tanto abandonarme a los ímpetus oscuros de esa poesía feroz y delicada, soñadora y errante, se me fue perdiendo el alma en un periplo antillano que marcaría para siempre mi espíritu. El mar me hizo a su aire." (p. 16)

"Muchos y grandes ríos hay en el mundo: el de la vida, el del amor, el de la gracia. Pero el de la nostalgia es un río lento, impasible, sin colores (y, sin embargo, hay azules que tienen el sabor de la nada), sin caídas, sin rápidos, con remansos, con
brisas, imprevisible, traicionero y siempre peligroso de vadear en la noche. Un sol blanco, un sol que parecía una lentejuela de nieve en la neblina goteaba sobre los tejados de la ciudad hostil aquella tarde en que fui a verlo a esa clínica donde aguardaba la muerte con la misma resignación desesperada con la que últimamente había venido aguardando tantas cosas en una tierra en la que se sintiera desde siempre un extraño." (p. 17)

"Pronto caería la noche, la ciega noche azul, sobre los tamarindos y con esa morosidad siniestra con que volaban chillando casi a ras de la arena los pájaros costeros, una sombra que sí sabía de sombras y que tenía el olor de la ceniza mojada se apoderaba de mi espíritu y yo era ese estallido de silencio y ese enorme vacío. Pero era un miedo hermoso." (p. 240)